De "nunca lo haré" a hacerlo: el caso Trichi ASMR y la memoria selectiva en internet
Introducción
La comunidad de ASMR Latinas no es ajena a la hipocresía. De hecho, podría decirse que ya ha desarrollado cierta tolerancia —o incluso resignación— frente a los giros de discurso de algunas creadoras.
Casos hay varios, pero dos quedaron particularmente marcados en la memoria colectiva.
Por un lado, el de Joha Atehortúa, conocida como JohaASMR, quien durante años construyó una imagen ligada a la fe, presentándose como admiradora de Jesucristo y enmarcando su contenido dentro de lo que ella misma denominaba "ASMR cristiano”. Sin embargo, esa narrativa se desmoronó abruptamente cuando comenzó a circular material de carácter explícito, generando un contraste tan evidente que para muchos rozó lo absurdo. Al punto de que en uno de sus videos pornográficos se podía ver una biblia sobre el mismo sofá en el que se masturbaba.
Por otro, el caso de Mayra Monroy, más conocida como Whynot ASMR, quien en 2020 afirmaba públicamente: "no voy a sexualizar mi contenido”. Con el tiempo, esa declaración quedó completamente desfasada frente a su propia evolución, convirtiéndose en una de las figuras más prolíficas dentro del ASMR de corte pornográfico y cuyo contenido hoy esta esparcido por todo el internet.
Ambos casos comparten un patrón: una narrativa inicial clara, seguida de un giro radical que contradice directamente ese discurso.
Pero incluso dentro de ese historial de contradicciones, hay casos que logran ir un paso más allá.
Y ahí es donde entra Trichi ASMR.
Porque lo suyo no es solo un cambio de rumbo.
Es, para muchos, el ejemplo más explícito —y documentado— de una incoherencia difícil de ignorar.
El origen del discurso: un "no” rotundo que hoy vuelve a salir a la luz
El día 23 de noviembre de 2024, Trichi ASMR subía a su canal de YouTube un video titulado "asmr adivina la frase + onlyfans”, cuya miniatura ya dejaba clara su postura: un rotundo rechazo a la posibilidad de abrir una cuenta en OnlyFans.
El video actualmente se encuentra borrado de YouTube, lo que no hace más que reforzar la idea de que su contenido podía volverse en su contra en caso de que esta contradicción saliera a la luz.
Sin embargo, el contenido del video fue mucho más allá de una simple negativa.
A lo largo del mismo, no solo se encargó de descartar completamente la idea, sino que también adoptó un tono particularmente agresivo, utilizando un lenguaje abiertamente despectivo para referirse a quienes, en comentarios anteriores, le habían sugerido dar ese paso.
Lejos de responder con indiferencia o marcar límites de forma neutral, optó por confrontar directamente a ese sector de su audiencia, dejando en evidencia no solo su postura frente al contenido para adultos, sino también la forma en que percibía a quienes lo consumen o lo proponen.
Dentro del mismo video, incluso, llegó a afirmar que lo más "subido de tono” que había compartido en su canal era un simple video dando besitos.
Para cualquier espectador ocasional de ASMR, esa declaración podría parecer completamente normal. Inofensiva, incluso.
Pero para quienes llevan años siguiendo la comunidad, viendo cómo ciertas narrativas se repiten y cómo algunas figuras construyen —y luego abandonan— determinados discursos, esa frase no pasó desapercibida. Al contrario: encendió alertas.
Porque cuando alguien establece límites tan marcados, cuando insiste en diferenciarse de otras creadoras y en remarcar lo que "nunca haría”, la experiencia indica que no siempre se trata de una convicción… sino, muchas veces, de una cuestión de tiempo.
Y ese momento llegó.
El 11 de febrero de 2026, uno de los miembros de la comunidad encontró, en un foro, un hilo dedicado a una creadora bajo el nombre de "Olivia Secret”.
Lo que para algunos podría haber pasado como un descubrimiento más dentro del anonimato habitual de internet, rápidamente tomó otro peso cuando se empezó a atar cabos.
Porque Olivia Secret no era otra persona.
Era, para sorpresa de muchos —o para confirmación de otros tantos—, la misma Trichi ASMR.
Cuando lo que se intenta ocultar termina saliendo a la luz
Trichi había caído en el mismo error que, antes que ella, ya habían cometido muchas otras creadoras dentro del mundo del ASMR: asumir que ese tipo de contenido permanecería oculto, que nunca sería descubierto, y mucho menos difundido fuera del entorno en el que fue publicado.
Una confianza que, con el tiempo, suele demostrarse frágil.
En este caso, además, existía una barrera adicional que probablemente reforzaba esa sensación de control: su cuenta de OnlyFans estaba configurada para restringir el acceso desde países de Latinoamérica, limitando su visibilidad a usuarios de otras regiones.
Una decisión que, en teoría, buscaba mantener separados ambos mundos.
Pero en la práctica —como ha ocurrido una y otra vez en internet— esas barreras geográficas resultaron ser irrelevantes.
Porque cuando el contenido existe, la posibilidad de que circule es solo cuestión de tiempo.
De la "chica de los besitos” a aquello que juró no ser
Ahora, la chica de los "besitos” pasaba a transformarse en una figura dentro del ASMR de contenido explícito, con material que poco o nada tiene que diferenciarse de otras creadoras a las que, en su momento, cuestionó directa o indirectamente.
Y es ahí donde la contradicción deja de ser superficial para volverse estructural.
Porque durante ese discurso inicial, Trichi no solo marcó un límite personal. Construyó una imagen basada en la diferencia: en no ser como "las otras”, en no cruzar ciertas líneas, en no formar parte de ese espacio.
Una diferencia que, además, venía acompañada de una clara carga de superioridad moral.
"siento que perdés un poco tu dignidad”
"nunca quise hacer un video de Spit Painting porque chuparse los dedos en cámara se puede malinterpretar"
"No tengo ganas de que mi familia vea un video mío chupándome los dedos"
"debido a la gente que hace ese tipo de videos (Spit Painting) se distorsionó la idea del ASMR"
"yo hago ASMR para dormir y no para que se te pare el pito"
"mi cuerpo, mi templo… no me gustaría compartirlo con todo el mundo”
"yo sé que estoy re contra buena y voy a compartirlo con las personas que yo conozca"
"hay que sacarle el internet a la gente, para que salga a la calle a socializar y se dejen de hacer la paja"
No era simplemente una decisión individual. Era una postura desde la cual se posicionaba por encima de aquello que criticaba.
Y, al mismo tiempo, por encima de quienes consumían ese contenido.
Por eso, el contraste actual no incomoda solo por el cambio, sino por todo lo que lo precede.
Porque mientras otras creadoras han tomado ese camino sin necesidad de descalificar a nadie, sin construir un discurso de superioridad o sin atacar a su propia audiencia, aquí ocurrió lo contrario.
Primero vino el juicio.
Primero vino el desprecio.
Primero vino la promesa absoluta de no cruzar esa línea.
Y luego, finalmente, el cruce.
La contradicción que incomoda: del desprecio al mismo público que la sostenía
Con todos los elementos sobre la mesa, el problema deja de ser el contenido en sí y pasa a ser el contexto en el que ese contenido existe.
Porque no estamos hablando de una creadora que simplemente cambió de opinión con el tiempo.
Estamos hablando de alguien que, antes de hacerlo, construyó un discurso basado en el rechazo absoluto, en la superioridad moral y, sobre todo, en el desprecio hacia quienes siquiera insinuaban esa posibilidad.
Las palabras están ahí.
"no todas las mujeres tenemos deseo de ser un objeto sexual para un hombre"
"no me vas a ver las tetas, no me vas a ver el horto"
"tampoco me vas a ver en OnlyFans”
"te lo firmo con mi sangre… no lo voy a hacer”
"sé que es plata fácil pero a mi no me interesa"
"la vida va más allá del porno, del internet y de hacerte la paja"
Pero también lo están los calificativos:
"cabeza de corcho"
"un par de pajeros"
"me pareces un pelotudo y un pajero"
"si se te para el pito (con mi contenido) sos un degenerado"
"no me interesa saber quien sos"
Y ahí es donde la situación cambia de tono.
Porque muchas de esas personas a las que apuntaba directamente no eran desconocidos al azar, sino parte de la misma audiencia que consumía su contenido, que comentaba sus videos y que, en definitiva, contribuía a su crecimiento dentro de la plataforma.
Es decir, el mismo público que hoy ve cómo ese discurso no solo se contradice, sino que además lo deja en una posición difícil de justificar.
No se trata únicamente de haber cruzado una línea que antes rechazaba.
Se trata de haber ridiculizado a quienes estaban del otro lado, de haberlos tratado como "degenerados”, "pajeros” o "pelotudos” por sugerir algo que, con el tiempo, terminó ocurriendo.
Y eso es lo que convierte este caso en algo más que una simple incoherencia.
Lo convierte en un episodio donde el discurso no solo envejeció mal, sino que terminó volviéndose en contra de quien lo pronunció.
Cierre: no es el cambio, es la hipocresía
La comunidad de ASMR Latinas está acostumbrada a los cambios. No es la primera vez —ni será la última— que una creadora modifica su discurso, redefine sus límites o toma un camino distinto al que alguna vez defendió.
Eso, en sí mismo, no es el problema.
El problema es otro.
Es la hipocresía.
Es la superioridad moral.
Porque se puede cambiar de opinión sin necesidad de haber juzgado antes. Se puede tomar otro rumbo sin haber construido una narrativa basada en el desprecio hacia quienes ya estaban ahí.
Y lo más irónico es que la propia Trichi lo sabía.
En su discurso, ella misma reconoce que una gran parte de la audiencia consume ASMR no solo por la técnica o la capacidad de "hacer dormir”, sino por la atracción física hacia quien está del otro lado de la pantalla. Es decir, entiende perfectamente que, en muchos casos, el atractivo es el verdadero motor del contenido.
Y en su propio caso, eso es evidente.
Su crecimiento no se explica únicamente por su capacidad como creadora de ASMR, sino también por una estética que ha sabido explotar de forma constante: redes sociales llenas de fotos sugerentes, escotes pronunciados, faldas cortas, bikinis. Una construcción de imagen que, lejos de ser casual, ha sido parte central de su posicionamiento.
Y eso no tiene nada de malo.
El sexo vende.
Siempre ha vendido.
Y hoy, simplemente, está lucrando de eso de forma más directa.
Lo que sí resulta cuestionable es todo lo que dijo antes de llegar a ese punto.
Porque al final del día, después de todo el discurso, después de las críticas, después de los insultos y de la supuesta superioridad moral, la realidad es mucho más simple de lo que ella quiso hacer creer:
No es distinta.
No es más inteligente.
No está por encima.
No era un caso aparte.
Es, en esencia, una creadora más de contenido pornográfico que decidió monetizar su imagen y su atractivo, exactamente igual que muchas otras a las que alguna vez miró desde arriba.
Y quizás ahí está el verdadero cierre de esta historia.
No en su decisión actual, sino en lo que todavía falta.
Reconocer el error.
Bajar el tono.
Dejar atrás la superioridad moral.
Y pedir disculpas a todos aquellos a quienes ofendió en el camino.
Y, sobre todo, entender que no hay nada de malo en el camino que eligió…
Pero sí lo hubo en la forma en que trató a quienes ya estaban ahí antes que ella.
Chicas mencionadas en este artículo:
trichi asmr
Joha Atehortúa
whynot ASMR
Introducción
La comunidad de ASMR Latinas no es ajena a la hipocresía. De hecho, podría decirse que ya ha desarrollado cierta tolerancia —o incluso resignación— frente a los giros de discurso de algunas creadoras.
Casos hay varios, pero dos quedaron particularmente marcados en la memoria colectiva.
Por un lado, el de Joha Atehortúa, conocida como JohaASMR, quien durante años construyó una imagen ligada a la fe, presentándose como admiradora de Jesucristo y enmarcando su contenido dentro de lo que ella misma denominaba "ASMR cristiano”. Sin embargo, esa narrativa se desmoronó abruptamente cuando comenzó a circular material de carácter explícito, generando un contraste tan evidente que para muchos rozó lo absurdo. Al punto de que en uno de sus videos pornográficos se podía ver una biblia sobre el mismo sofá en el que se masturbaba.
Por otro, el caso de Mayra Monroy, más conocida como Whynot ASMR, quien en 2020 afirmaba públicamente: "no voy a sexualizar mi contenido”. Con el tiempo, esa declaración quedó completamente desfasada frente a su propia evolución, convirtiéndose en una de las figuras más prolíficas dentro del ASMR de corte pornográfico y cuyo contenido hoy esta esparcido por todo el internet.
Ambos casos comparten un patrón: una narrativa inicial clara, seguida de un giro radical que contradice directamente ese discurso.
Pero incluso dentro de ese historial de contradicciones, hay casos que logran ir un paso más allá.
Y ahí es donde entra Trichi ASMR.
Porque lo suyo no es solo un cambio de rumbo.
Es, para muchos, el ejemplo más explícito —y documentado— de una incoherencia difícil de ignorar.
El origen del discurso: un "no” rotundo que hoy vuelve a salir a la luz
El día 23 de noviembre de 2024, Trichi ASMR subía a su canal de YouTube un video titulado "asmr adivina la frase + onlyfans”, cuya miniatura ya dejaba clara su postura: un rotundo rechazo a la posibilidad de abrir una cuenta en OnlyFans.
El video actualmente se encuentra borrado de YouTube, lo que no hace más que reforzar la idea de que su contenido podía volverse en su contra en caso de que esta contradicción saliera a la luz.
Sin embargo, el contenido del video fue mucho más allá de una simple negativa.
A lo largo del mismo, no solo se encargó de descartar completamente la idea, sino que también adoptó un tono particularmente agresivo, utilizando un lenguaje abiertamente despectivo para referirse a quienes, en comentarios anteriores, le habían sugerido dar ese paso.
Lejos de responder con indiferencia o marcar límites de forma neutral, optó por confrontar directamente a ese sector de su audiencia, dejando en evidencia no solo su postura frente al contenido para adultos, sino también la forma en que percibía a quienes lo consumen o lo proponen.
Dentro del mismo video, incluso, llegó a afirmar que lo más "subido de tono” que había compartido en su canal era un simple video dando besitos.
Para cualquier espectador ocasional de ASMR, esa declaración podría parecer completamente normal. Inofensiva, incluso.
Pero para quienes llevan años siguiendo la comunidad, viendo cómo ciertas narrativas se repiten y cómo algunas figuras construyen —y luego abandonan— determinados discursos, esa frase no pasó desapercibida. Al contrario: encendió alertas.
Porque cuando alguien establece límites tan marcados, cuando insiste en diferenciarse de otras creadoras y en remarcar lo que "nunca haría”, la experiencia indica que no siempre se trata de una convicción… sino, muchas veces, de una cuestión de tiempo.
Y ese momento llegó.
El 11 de febrero de 2026, uno de los miembros de la comunidad encontró, en un foro, un hilo dedicado a una creadora bajo el nombre de "Olivia Secret”.
Lo que para algunos podría haber pasado como un descubrimiento más dentro del anonimato habitual de internet, rápidamente tomó otro peso cuando se empezó a atar cabos.
Porque Olivia Secret no era otra persona.
Era, para sorpresa de muchos —o para confirmación de otros tantos—, la misma Trichi ASMR.
Cuando lo que se intenta ocultar termina saliendo a la luz
Trichi había caído en el mismo error que, antes que ella, ya habían cometido muchas otras creadoras dentro del mundo del ASMR: asumir que ese tipo de contenido permanecería oculto, que nunca sería descubierto, y mucho menos difundido fuera del entorno en el que fue publicado.
Una confianza que, con el tiempo, suele demostrarse frágil.
En este caso, además, existía una barrera adicional que probablemente reforzaba esa sensación de control: su cuenta de OnlyFans estaba configurada para restringir el acceso desde países de Latinoamérica, limitando su visibilidad a usuarios de otras regiones.
Una decisión que, en teoría, buscaba mantener separados ambos mundos.
Pero en la práctica —como ha ocurrido una y otra vez en internet— esas barreras geográficas resultaron ser irrelevantes.
Porque cuando el contenido existe, la posibilidad de que circule es solo cuestión de tiempo.
De la "chica de los besitos” a aquello que juró no ser
Ahora, la chica de los "besitos” pasaba a transformarse en una figura dentro del ASMR de contenido explícito, con material que poco o nada tiene que diferenciarse de otras creadoras a las que, en su momento, cuestionó directa o indirectamente.
Y es ahí donde la contradicción deja de ser superficial para volverse estructural.
Porque durante ese discurso inicial, Trichi no solo marcó un límite personal. Construyó una imagen basada en la diferencia: en no ser como "las otras”, en no cruzar ciertas líneas, en no formar parte de ese espacio.
Una diferencia que, además, venía acompañada de una clara carga de superioridad moral.
"siento que perdés un poco tu dignidad”
"nunca quise hacer un video de Spit Painting porque chuparse los dedos en cámara se puede malinterpretar"
"No tengo ganas de que mi familia vea un video mío chupándome los dedos"
"debido a la gente que hace ese tipo de videos (Spit Painting) se distorsionó la idea del ASMR"
"yo hago ASMR para dormir y no para que se te pare el pito"
"mi cuerpo, mi templo… no me gustaría compartirlo con todo el mundo”
"yo sé que estoy re contra buena y voy a compartirlo con las personas que yo conozca"
"hay que sacarle el internet a la gente, para que salga a la calle a socializar y se dejen de hacer la paja"
No era simplemente una decisión individual. Era una postura desde la cual se posicionaba por encima de aquello que criticaba.
Y, al mismo tiempo, por encima de quienes consumían ese contenido.
Por eso, el contraste actual no incomoda solo por el cambio, sino por todo lo que lo precede.
Porque mientras otras creadoras han tomado ese camino sin necesidad de descalificar a nadie, sin construir un discurso de superioridad o sin atacar a su propia audiencia, aquí ocurrió lo contrario.
Primero vino el juicio.
Primero vino el desprecio.
Primero vino la promesa absoluta de no cruzar esa línea.
Y luego, finalmente, el cruce.
La contradicción que incomoda: del desprecio al mismo público que la sostenía
Con todos los elementos sobre la mesa, el problema deja de ser el contenido en sí y pasa a ser el contexto en el que ese contenido existe.
Porque no estamos hablando de una creadora que simplemente cambió de opinión con el tiempo.
Estamos hablando de alguien que, antes de hacerlo, construyó un discurso basado en el rechazo absoluto, en la superioridad moral y, sobre todo, en el desprecio hacia quienes siquiera insinuaban esa posibilidad.
Las palabras están ahí.
"no todas las mujeres tenemos deseo de ser un objeto sexual para un hombre"
"no me vas a ver las tetas, no me vas a ver el horto"
"tampoco me vas a ver en OnlyFans”
"te lo firmo con mi sangre… no lo voy a hacer”
"sé que es plata fácil pero a mi no me interesa"
"la vida va más allá del porno, del internet y de hacerte la paja"
Pero también lo están los calificativos:
"cabeza de corcho"
"un par de pajeros"
"me pareces un pelotudo y un pajero"
"si se te para el pito (con mi contenido) sos un degenerado"
"no me interesa saber quien sos"
Y ahí es donde la situación cambia de tono.
Porque muchas de esas personas a las que apuntaba directamente no eran desconocidos al azar, sino parte de la misma audiencia que consumía su contenido, que comentaba sus videos y que, en definitiva, contribuía a su crecimiento dentro de la plataforma.
Es decir, el mismo público que hoy ve cómo ese discurso no solo se contradice, sino que además lo deja en una posición difícil de justificar.
No se trata únicamente de haber cruzado una línea que antes rechazaba.
Se trata de haber ridiculizado a quienes estaban del otro lado, de haberlos tratado como "degenerados”, "pajeros” o "pelotudos” por sugerir algo que, con el tiempo, terminó ocurriendo.
Y eso es lo que convierte este caso en algo más que una simple incoherencia.
Lo convierte en un episodio donde el discurso no solo envejeció mal, sino que terminó volviéndose en contra de quien lo pronunció.
Cierre: no es el cambio, es la hipocresía
La comunidad de ASMR Latinas está acostumbrada a los cambios. No es la primera vez —ni será la última— que una creadora modifica su discurso, redefine sus límites o toma un camino distinto al que alguna vez defendió.
Eso, en sí mismo, no es el problema.
El problema es otro.
Es la hipocresía.
Es la superioridad moral.
Porque se puede cambiar de opinión sin necesidad de haber juzgado antes. Se puede tomar otro rumbo sin haber construido una narrativa basada en el desprecio hacia quienes ya estaban ahí.
Y lo más irónico es que la propia Trichi lo sabía.
En su discurso, ella misma reconoce que una gran parte de la audiencia consume ASMR no solo por la técnica o la capacidad de "hacer dormir”, sino por la atracción física hacia quien está del otro lado de la pantalla. Es decir, entiende perfectamente que, en muchos casos, el atractivo es el verdadero motor del contenido.
Y en su propio caso, eso es evidente.
Su crecimiento no se explica únicamente por su capacidad como creadora de ASMR, sino también por una estética que ha sabido explotar de forma constante: redes sociales llenas de fotos sugerentes, escotes pronunciados, faldas cortas, bikinis. Una construcción de imagen que, lejos de ser casual, ha sido parte central de su posicionamiento.
Y eso no tiene nada de malo.
El sexo vende.
Siempre ha vendido.
Y hoy, simplemente, está lucrando de eso de forma más directa.
Lo que sí resulta cuestionable es todo lo que dijo antes de llegar a ese punto.
Porque al final del día, después de todo el discurso, después de las críticas, después de los insultos y de la supuesta superioridad moral, la realidad es mucho más simple de lo que ella quiso hacer creer:
No es distinta.
No es más inteligente.
No está por encima.
No era un caso aparte.
Es, en esencia, una creadora más de contenido pornográfico que decidió monetizar su imagen y su atractivo, exactamente igual que muchas otras a las que alguna vez miró desde arriba.
Y quizás ahí está el verdadero cierre de esta historia.
No en su decisión actual, sino en lo que todavía falta.
Reconocer el error.
Bajar el tono.
Dejar atrás la superioridad moral.
Y pedir disculpas a todos aquellos a quienes ofendió en el camino.
Y, sobre todo, entender que no hay nada de malo en el camino que eligió…
Pero sí lo hubo en la forma en que trató a quienes ya estaban ahí antes que ella.
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